Fuente: Emol.com – https://www.emol.com/noticias/Economia/2025/08/27/1176126/corredores-de-propiedades.html

Quienes trabajamos diariamente en el rubro inmobiliario sabemos que el corretaje en Chile es, al mismo tiempo, una actividad indispensable y un terreno lleno de vacíos. Hoy cualquier persona puede levantarse un día, imprimir tarjetas y declararse “corredor de propiedades”. No hay licencia obligatoria, no se exige formación ni existen estándares mínimos que aseguren un servicio serio. El resultado lo vemos todos: publicaciones duplicadas, propiedades inexistentes, falta de transparencia en las comisiones y clientes que se sienten estafados o desprotegidos.

El corretaje es mucho más que abrir puertas y mostrar departamentos. Es una labor que requiere conocimiento jurídico, capacidad de negociación, criterio financiero y, sobre todo, ética. Sin embargo, en la práctica, el sector está sobrepoblado por actores improvisados que ven en las altas comisiones una oportunidad rápida, pero sin asumir la responsabilidad que implica manejar decisiones patrimoniales tan relevantes para las familias.

En países donde el corretaje está regulado, el corredor pasa por certificaciones, capacitaciones continuas y exámenes que validan su idoneidad. Además, las reglas son inequívocas: quién representa a quién, cuánto se cobra y qué obligaciones éticas existen. Esa claridad genera confianza y da prestigio a la profesión.

En Chile, en cambio, se normalizó que tanto comprador como vendedor paguen comisión, sin distinguir roles ni responsabilidades. Eso, sumado a la falta de fiscalización, solo agrava la percepción de que el corretaje es un negocio fácil y poco serio.

Como experto en el área, estoy convencido de que la única salida es la profesionalización obligatoria. No basta con asociaciones voluntarias ni con buenas intenciones. Se necesita un registro único, formación certificada y un marco normativo que sancione las malas prácticas. Mientras eso no ocurra, seguiremos viendo cómo la reputación del rubro se deteriora y cómo los clientes se alejan buscando alternativas digitales que, aunque más frías, al menos les ofrecen claridad.

El corretaje debe ser una profesión respetada, no un oficio de ocasión. Y la responsabilidad de lograrlo es compartida: del Estado, que debe legislar; de los gremios, que deben elevar la vara; y de quienes trabajamos en este mercado, que tenemos la obligación de poner la ética y la transparencia al centro de nuestro quehacer. Solo así podremos recuperar la confianza y darle al corretaje inmobiliario el lugar que merece.

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